carmen martínez alsinet
 
Agregar a favoritosImprimirEnviar a un amigo
Y SUS FIGURANTES
La Reina de la Noche
Vign_Tl_2x153
Cuadros del artista Joan Baró Pié de los años 80-90 del S XX que puede adquirir solicitándolos a la creadora de esta web a la siguiente dirección electrónica: carmetines6@orange.es o bien a través de saatchionline.com Las medidas oscilan entre 1.95 x 1.50m  y 0,70 x 1m y el valor que ustedes les otorguen será considerado con simpatía y ganas de perderlos de vista...
TERA
Vign_IMG_0376
-Hace tiempo que deberías haberles echado.
-Tera, por favor, no empecemos.
-Estoy harta de verlos merodear. ¡Aparta a ese tipo de tu lado! ¿Es que no te das cuenta? ¡Te está pellizcando y encima se ríe! ¡Se mofa! ¡Qué iluso! ¿O no te importa? Que las humillaciones te resbalen, lo entiendo, pero que no experimentes dolor físico es falta de modestia. ¡Sacúdete a esa sabandija!
-¡Pues que se vayan, querida! ¿Es que acaso careces de pretextos? ¡A esas alturas de la vida, vamos, cómo si no te hubiera visto ahuyentar a tantos abejorros! ¡Vaya contigo, la señora! Pues di que ando ocupado, que no puedo atenderles por ahora, qué se yo, lo que te venga a la cabeza.
-¿Cómo, encima tengo que actuar, representando ese numero irritante? ¡Sí, sí, ese papel de malvada y de tirana! Si les abriste de par en par las puertas de la casa por no se sabe qué recóndita razón y les entiendes y comprendes y sientes por ellos tanta ternura ¿por qué no exiges que cesen sus molestias y que se vayan? Pero no, sigues con tu maldita indiferencia. Ahora soy yo quien te lo ruega. ¡No te escudes, que fastidian! ¿No lo ves, no te das por aludido? Y aún me debes querido eso que tanto escasea entre la fauna. En esa loca familia humana. ¡Qué digo, cómo si cobrar esa deuda se pudiera!
-Pero Tera si su presencia es transparente. ¿Por qué quieres que se vayan?
-Porque no puedo en ese preciso momento vagar por ese mundo translúcido. ¿No te basta conmigo? ¿No éramos dos en un principio? Ya se, ya se, que fue para lo bueno y también para lo malo. Llevamos demasiado tiempo con ellos y me inquietan.
-Me he preguntado a menudo qué te ocurre, ángel mío, si tanto te agradaba modificar sus livianas actitudes, cambiarles de ropaje o perfilar sus maquillajes. Por Dios Tera que llevamos 40 años, que nos casamos entonces y jamás nos divorciamos.
-Pues debimos airearnos. No tú que ya lo hiciste, sino yo, que no me moví de tu lado. Huyes, te alejas y luego te acercas a ellos. Vuestros tan estrechos lazos me resultan opresivos. ¿Cómo puedes concluir que su presencia te es indiferente?
-¿Quién puede ser para ti mejor amigo? ¿No lo ves? No, no puedes. ¿Ni siquiera después de tanto tiempo?
-Esos tipos merodean todo el día. Por la casa, en el jardín, incluso se repatean el huerto. Agachados, en pie, subidos a la escalera. Inmóviles ante el portal como unos memos, ocultos en el baúl o dentro de los armarios. Y para colmo parece que les gustan los espejos. Figuran en todos ellos, observándome con una mirada cruel y reservada, como extraviada, tras lánguidos filamentos de un humo viejo, con esa ciega expresión que no comprendo. ¿Cómo pueden ocultar tanta osadía? 

 
 
TELAS
CARTÓN
PAPEL
PRIVADOS
BOTÍN DE FAMA


Vino sin avisar. Lo vi por la mirilla con aspecto desaliñado. Su cuerpo, deformado por los excesos y carcomido por las manías, exteriorizaba un gran desequilibrio. La falsa idea que un día se hizo de la fama y la estrambótica ansia de ser adulado se combinaron de tal modo en el amasijo que aguardaba tras la puerta, que me produjo rechazo. Ser famoso, divino y adinerado abre puertas, da pasaportes y visados aunque a veces encoja algunos corazones. 

Se sumergió un día en las profundidades del alcantarillado pateando ciénagas en busca de la felicidad y al observar el cambiante devenir del arroyo se detuvo. Saliéndose del pedregal observó que todos bailaban con la convención. Recondujo el rumbo estableciéndose, contrayendo matrimonio, adquiriendo domicilio y circulando en monovolumen. Hubo de sortear el desagradable apelativo de cornudo que la societé aplicaba a casos como el suyo y fingió que se hartaba de la vulgaridad reinante. Inmerso en su peculiar romanticismo adoptó sin pestañeos un individualismo feroz que lo hundió en un manglar de trasnochados proyectos. Y apareció de nuevo en su horizonte la idea que se hizo de la fama y que fue modificando con el paso de los años. La deseaba, la anhelaba, la codiciaba y se la usurparía a cualquiera si le fuera necesario como se seduce a la mujer del vecino para saciar una calentura salvaje. 

Desde el otro lado de la puerta permanecí en silencio. Mi misantropía había ido en aumento. La gente me incomodaba, no para comunicarme, que me era grato, sino a causa de mi delicada sensibilidad. Demasiados jueces y fiscales para muy pocas faltas y delitos. Sus sentencias representaban para mí acotaciones que se superponían como lentes de colores bloqueando el crecimiento y el progreso. Mis acrobacias con los intrusos me obligaban a desaparecer o a despeñarlos tras sus sueños para evitar sus molestias. La fama, esa lluvia de oro que rocía a personajes que no repararon en ella, tocados con un talento que practican constantemente no iba a llamar a mi puerta, si acaso como un fantasma que la aporreaba ahora. 


Vign_IMG_0945
 
PARA REGRESAR AL INICIO DE LA WEB DEBE USTED TECLEAR ABAJO A LA DERECHA.
SI DESEA DESPLAZARSE DE PÁGINA EN PÁGINA PUEDE IR AL PRINCIPIO DE CADA PÁGINA Y TECLEAR LA PÁGINA CORRESPONDIENTE.
© 2011