carmen martínez alsinet
 
Agregar a favoritosImprimirEnviar a un amigo
Y SUS FIGURANTES
 
Vign_CUBIERTA_300px
 
Vign_CUBIERTA5
Versión eBook
Vign_CUBIERTA_VIAJE_AL_PASADO_7_
Versión impresa
Vign_viaje_al_pasado
 
Vign_fuego
 
Vign_azucarera
 
Vign_bp
 
Vign_explorar_2
 
Vign_hijos
Hemingway
Vign_IMG_2417
Réplica Picasso
Vign_IMG_2406
Cerca de Cuba
Vign_IMG_2619
Boss
Vign_Baron_Kurtz
Little Carmen
Vign_IMG_0281
Nice friends
Vign_100-0063_IMG_2
Efebo
Vign_IMG_4712
 
 
Vign_Explorar_2

CARMEN MARTÍNEZ ALSINET 
y Seudónimos

    SUSAN HART 
    FIORE COSTA
    CARMEN HILLCROFT
    ARABELLA FITZROY

& Otros

Asimismo editora del Sello Alcor en Ediciones Martínez Roca y de la Colección 
Las Otras Culturas de la que en este Sitio se exponen algunas portadas ya obsoletas. 


Versión eBook
Vign_CUBIERTA_SABER_AMAR_6_
 
Vign_CUBIERTA_SODOMA_3_
 



 
VERSIÓN EPUB Y MOBI 
J.A.DISEÑO EDITORIAL, S.L.
MADRID
NOVIEMBRE, 2013


www.amazon.es
Versión impresa
Vign_saber_amar
 
Vign_Cubierta_final

Versión impresa
Robinbook, s.l.
Sello:
Ma Non Troppo
Barcelona,2002

 
Vign_explorar_1
 
Vign_2_palacios
 
Vign_crepusculo
 
Vign_Jagua




 
Vign_hadriana
 
Vign_explorar
 
Vign_callejon
 
Vign_deseo
NICE PLACE
 
Vign_CIMG5523

CUMPLEAÑOS


Al cumplir los sesenta me encontré de pronto con la perentoria visita de un pasado que me estalló en la frente. Llegó de pronto, a gran velocidad y con la fuerza de un disparo. Los vagos recuerdos de mi infancia aparecieron nítidamente despejando los jirones de la memoria. Desconocía cuanto me estaba sucediendo pero recuerdo que caí en una desalentadora languidez y una clarividencia ignota se apoderó de mí. 

Vi entonces caminar por los pasillos de mi infancia unas bellas y voluptuosas mujeres marcando curva, tomándome tiernamente de la mano y pronunciando infinitas bromas picantes. Ellas fueron quienes me  indicaron por donde acceder al buen camino, ese camino que he seguido desde entonces y que me ha llevado de cabeza al precipicio. Y me vi a mí mismo con ojos de lechuza babear y sonrojarme al poner una manita de niño bueno sobre los enormes culos encorsetados que se balanceaban como péndulos bajo ceñidas batas blancas. Un sensual movimiento de cuerpos que yo seguía atentamente en su constante zigzaguear desde mi mesa de estudio y que me abstraía hasta el punto de provocar en mí el ardor y la perentoria sed de carne que me veía obligado a reprimir contorsionándome oculto en el interior de la cesta de ropa donde me escondía para espiarlas al finalizar mis ejercicios escolares. En cierta ocasión al observar aquel espectáculo diario de féminas en celo e imaginar el mundo de lascivia que me inspiraban me abalancé hacia una jarra de vino que me tragué de golpe y que me ocasionó una engorrosa borrachera imposible de disimular. El problema era la pequeña peluquería de mi madre donde me mataba a pajas todas las tardes después del colegio ante la vista de las piernas entreabiertas de algunas clientas sentadas bajo el secador de pelo, y ante las curvas y ondulaciones de las muchachas al agacharse a recoger un bigudí, una pinza o un cepillo, o al ver aquellas que andaban con los botones desabrochados mostrando una piel suave y transparente, una mórbida naturaleza que me rescataba del severo mundo de sotana y pederastia que me aprisionaba durante la jornada escolar. Aquellos paisajes insondables se me hacían  cada vez más cercanos y dulces y sin yo saberlo representaban un mundo entre imaginario y real de húmedos y anhelados placeres en el que soñaba adentrarme y recrearme algún día y por el que suspiraba constantemente. Y entre tintes,  esmaltes, ceras y carmín representaba el papel de niño mimado de unas mujeres dicharacheras que me ofrecían su devoción convirtiéndome impensablemente en objeto de burla y escarnio por ser el hijo varón de la jefa, única mujer casada del pelotón y por consiguiente envidiada hasta el delirio por la lozana cuadrilla de impúdicas tentaciones.


© 2011